Un pueblo destartalado en medio  del lejano Oeste. Donde lo único que poder encontrar en la calle es polvo y viento. Si, y algún forajido indeseable. 

 Ella llevaba días en aquella mugrienta pensión, dejando pasar el tiempo, y la vida. Había seguido sus pasos hasta allí con la esperanza de poder sacarlo de la cárcel, pero no fue así. No pudo demostrar su inocencia ante el Sheriff.

 Él, contaba las horas absorto en sus pensamientos, dentro de aquella celda, que solo le dejaba ver la vida a través de las rejas de una pequeña ventana. Aunque eso no frenaba sus ganas de hacer justicia fuera de allí. Y sobre todo, sus ganas de volver a verla.

 Un día de verano, en un descuido del alguacil que lo custodiaba, consiguió manipular la cerradura y escapar. 

 La buscó por todo el pueblo, teniendo la precaución de esconderse de los esbirros del Sheriff, que pronto, salieron en su busca. Y en una de las polvorientas calles, él, la vio venir, aunque no estaba seguro. Por si acaso, los dos sacaron el revólver, y se apuntaron, hasta reconocerse y fundirse en un ansiado beso.

 Se refugiaron en el saloon, donde pudieron calmar su sed y celebrar su alegría con un improvisado baile. Aunque pronto, tuvieron que huir hacia una pequeña población de cabañas en medio del desierto. Donde descansar y que nadie pudiera reconocerlos.

 Después, continuaron su camino, pasaron cerca de un asentamiento de indios Navajos. Hasta llegar a Nuevo México, donde pudieron amarse en total libertad por siempre.

 THE END

 Millones de gracias Mónica y Pedro por dejarme vivir esta aventura cinematográfica con vosotros. Y gracias también a Dulcinea Decoración y Eventos.